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Vitamina D

La vitamina D es una de las vitaminas liposolubles imprescindibles para la formación normal de los huesos, los dientes y para la absorción del calcio a nivel intestinal. Junto con el calcio, la vitamina D contribuye a prevenir la osteoporosis, una enfermedad que hace que los huesos se vuelvan más delgados y débiles y sean más propensos a fracturas. Los músculos la necesitan para el movimiento y los nervios para transmitir mensajes entre el cerebro y otras partes del cuerpo Es indispensable para que el sistema inmunitario pueda combatir las bacterias y los virus que lo atacan.

Función

La vitamina D tiene un papel fundamental en el buen funcionamiento del organismo ya que interviene en muchos procesos fisiológicos como, por ejemplo, en la absorción y el mantenimiento de los niveles de calcio en los huesos. Por ello, un déficit mantenido de vitamina D puede aumentar el riesgo de ostoeporosis y fracturas óseas.

Además, la vitamina D presenta un efecto hormonal más allá de su función como regulador del metabolismo óseo, y poco a poco se ha ido concediendo a la vitamina D un papel relevante en la fisiología humana en general. Numerosos estudios se han realizado a lo largo de los años para poner en evidencia esas acciones extra óseas, entre ellas su acción en el sistema inmunitario.

Beneficios de la vitamina D

  • Contribuye a una buena salud ósea desempeñando un papel importante en la absorción del calcio de los huesos. El calcitriol (la forma biológicamente activa de la vitamina D) trabaja con la hormona paratiroidea para mantener los niveles de calcio.
  • Actúa sobre otras vitaminas y minerales importantes que contribuyen a la salud ósea, como la vitamina K y el fósforo.
  • Ayuda a regular los niveles de azúcar en la sangre. Los estudios sugieren que, dado que el calcio es necesario para la secreción de insulina, la vitamina D puede ayudar al organismo a producir y utilizar la insulina de forma más eficaz. Por tanto, la vitamina D puede desempeñar un papel en la prevención de la diabetes de tipo 2.
  • Ayuda a combatir las enfermedades cardiovasculares, interviniendo en la regulación de la presión arterial, los niveles de colesterol y la inflamación, cada vez son más las investigaciones que indican que su carencia puede provocar un mayor riesgo de hipertensión arterial y enfermedades cardiovasculares.
  • Fortalece el sistema inmunológico, contribuyendo en la replicación de las células sanas y puede desempeñar un papel en la protección del cuerpo contra el desarrollo de enfermedades autoinmunes (además de enfermedades menos graves como los resfriados y la gripe).
  • Favorece el buen humor. Dado que actúa como una hormona en nuestro cuerpo que afecta a la función cerebral, una deficiencia puede conducir al desarrollo de trastornos del estado de ánimo como la depresión, la depresión estacional (conocida como la «tristeza del invierno»), el insomnio y la ansiedad.
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